Un vikingo triste

viernes, 31 de julio de 2009

Cuando el mercader da motivos a su tripulación, una parte de la misma comienza a retirarse gradualmente.
Primero uno, después dos... y luego cuatro, cinco o seis juntos. Todos van yéndose a trabajar en los navíos de otros mercaderes que evidencian menos motivos o al menos los retribuyen mejor.

Y muchos de ellos no sólo se llevan sus cosas al irse, sino también parte de los corazones de otros vikingos que se quedan.

Ustedes saben de qué vikingos hablo cuando les digo que se llevan parte de mi corazón también.


Ya no quedan motivos para permanecer en la embarcación.

Llamado a la solidaridad

viernes, 29 de mayo de 2009

Esta es una carta emitida por un vikingo a la administración del mercader para el cual trabaja... ¡pasen y vean!

De mi mayor consideración:

Acerco a ud. el presente correo electrónico con el motivo de satisfacer una necesidad (quizás superflua a la vista de los ojos poco entrenados), pero de vital importancia para un gran porcentaje de los seres con las glandulas olfatorias perfectamente funcionales, y estómagos impresionables. Si bien ante la crisis todo tipo de pedido podría catalogarse en "posponible", estimo que el presente tiene una tasa de costo/beneficio que es favorable a la gran mayoría de los empleados de la empresa (si no a todos).

El susodicho caso, es que al menos en el toilette de caballeros se encuentra usualmente un escenario desagradable, en el cual los gentiles hombres luego de hacer sus esperpentos digestivos utilizan (con toda razón y previsión) fragmentos de aquel rollo blanco que pende junto al sanitario.
Y el problema dista de esta situación, sino que radica precisamente en que ocasionalmente (no me arriesgo a decir "siempre") el personal dispensa esos fragmentos una vez utilizados y habiendo servido a su rol sociocultural, en el cesto de residuos, de modo que toda persona que lo suceda en la posición disfrutará de varios espectáculos individuales. A saber:
1. El aspecto repulsivo de un trozo de papel usado, dejado con el lado menos favorable a la vista.
2. El hedor acumulado que desencadena una cata que podría desembocar en un concurso por adivinar quiénes y cuántos han pasado por la misma situación en el día.
3. Un escenario exótico, similar a los baños más cotizados de las estaciones de tren.

Presentado el caso, la solución que viene a nuestra mente (ya que no soy el único que se percató de tan singular acontecimiento) es el de comprar esas piezas suplementarias necesarias para evitar el contacto directo oculo-nasal con los restos de la batalla. Simplemente pedimos unas tapas, dicho fácil y pronto, que nos eviten el mal momento.

Aunque pensándolo bien, no querríamos que nadie toque esas tapas con las manos que acaba de utilizar para cometer tal crimen... dado que el siguiente debería hacer lo mismo, y quizás la tapa se vuelva ahora un cúmulo de bacterias y gérmenes y todo tipo de animalejos invisibles que tanto enferman a la gente. En el peor de los casos, el problema del papel podría trasladarse al plástico superior, y estaríamos pidiendo un cubre-tapa prontamente.
Quizás la mejor solución es cambiar el sistema completo, por aquellos que convenientemente tienen aquel suministro inferior que sirve para, mediante efectos de la física que parecen ser causados por fuerzas demoníacas, levantar la tapa de modo de no necesitar tocar el artefacto más que con los pies, que ya vienen bastante preparados para tal asunto.

Sin mucho más que agregar, podría hacer extensiva la queja al toilette femenino, pero no me consta tal situación y no hay indicios de queja aparente.

Desde ya, muchas gracias por su tiempo,

Beatles for Sale

martes, 26 de mayo de 2009

En un blog dedicado exclusivamente a los Beatles informaron que en los próximos días se pondrá en subasta la reja de la antigua casa de John Lennon y su tía Mimi.
Según se informa en la nota, la reja de hierro forjado de color blanco,adornaba el balcón en Sandbanks, casa que John compró para su querida tía Mimi en la época de la Beatlemania.
Ante la gran demanda que tienen los artículos de este tipo por parte de los fanáticos de los Beatles, la casa de remates no quiere dejar pasar la oportunidad, y en las próximas semanas pondrá a la venta muchos más de estos valiosos objetos de colección.
David Brasher, gerente de la casa de subastas nos adelantó los próximos remates:
- El viejo colchón de la abuela Hellen, en el que John se orinó cuando tenía 2 años.
- El cortauñas del tío Frank, artefacto que se cree que John utilizó en más de una oportunidad en su juventud.
- La guitarra de Mark Landon, conocido de la infancia de John. Mark vio frustrado su ingreso al mundo de la música, principalmente por falta de talento.
- El saco negro de Philip Ono, hermano de la famosa Yoko. Este artículo fue un obsequio de John para su cuñado, quien en ese momento se encontraba desempleado.

También se pondrán a la venta algunos artículos relacionados con los demás integrantes del conjunto de Liverpool:

- Billete de una libra, con el que Paul Mccartney se pagó un café en el bar Old School en Londres en 2007.
- Fotografía de George Harrison autografiada por el ex chofer del guitarrista.
- Jabón utilizado por Ringo Starr en el Hotel Barceló durante su estadía en Sydney el mes pasado.

Ya se habla de interesados en Japón, Londres, Dubai y Hurlingan que pagarían fortunas por estos artículos.

Intercambio de epístolas Patagó... digo, Sureñas.

jueves, 21 de mayo de 2009

Lo que verán a continuación es una seguidilla de cartas que en tiempos memorables los vikingos Baleog y Erik Arrgh! han intercambiado, cuando los regía una situación de apremio por quitar alquitrán de la cubierta de su navío.

Erik Arrgh!, nuestro mercader nos sigue pidiendo que quitemos el alquitrán de la cubierta. Hace media hora te pregunté qué sucedía con eso, y necesito saber qué avanzaste desde entonces.
Salve Odin,

Baleog.

A lo que Erik Arrgh! respondió:

Baleog. Mira, te explicaré cómo es la situación.
Situaciones de esta magnitud, cuando quitamos alquitrán de la cubierta que no se despega, no es tallar la madera, decir "Arrgh" y dejarla como nueva.
No voy a divagar sobre el asunto. A mi parecer, tú no puedes prometerle al Mercader entregas de trabajos que ni mi tripulación ni tu servidor como rudos Vikingos sabemos cuántas noches nos llevará. Arrgh..
Una luna atrás, te lo he dicho varias veces en menos de lo que se gastan los cepillos con el roce de la madera y el alquitrán, cuando me preguntaste cuánto nos faltaba para dejarla en el mismo estádo en el que Olaf la había robado.
Te lo he dicho, sabemos por qué el alquitrán no se quita y estamos mezclando sustancias para poder sacarlo.
Lo estamos intentando, tanto nuestros Hermanos de Noruega como nosotros, lo estamos intentando. Eso es lo que mejor hacemos. Fregamos y fregamos y siempre lo pudimos quitar. Arrgh!.
Hay distintos tipos de alquitrán y no todos salen de la misma forma.
Fíjate en el barco de Badín. Fíjate cómo lo hemos dejado después de un tiempo de trabajar en su cubierta.
Meses después de ser esa tarea encargada y que los hombres más duros de las tabernas lo hayan intentado, finalmente me contactaste a mi, Erik Arrgh, quién luego de conseguir a la mejor tripulación, pudimos dejarlo como nuevo.
Esto es lo mismo, es la cubierta de Badín del presente, sólo que ya sabemos qué ácidos utilizar.
Ahora Baleog, mi tripulación y yo estamos dando lo mejor, estamos poniendo todos nuestros músculos en funcionamiento a pesar del meceo del barco y del tiempo que tú has arreglado con el Mercader.
En el momento de tener la la mezcla justa para quitar el alquitrán de la cubierta, te lo informaré, así como si alguno de mis hombres la encuentra, estoy seguro de que ellos también lo harán.
Salve Odin,
Erik Arrgh!

¿La respuesta final? Para una próxima entrega...

Ironías van, ironías vienen

viernes, 8 de mayo de 2009

Pongamos por caso que un vikingo presta sus servicios a un gran mercader.
Pongamos por caso, que el mercader está muy contento con el vikingo. Tanto, que le compra una preciosa hacha.
Pongamos por caso, que el vikingo comienza a hacer uso del hacha que le regaló el mercader, en parte como agradecimiento, en parte porque le gusta.
Pongamos por caso, que el mercader nota que el vikingo usa demasiado el hacha, y le prohibe usarla antes del crepúsculo.

¿Adivinan cómo se siente el vikingo?

1. Enojado y decepcionado.
2. Furioso y decepcionado.
3. Decepcionado.
4. Feliz de la vida porque el mercader juega con sus sentimientos hacia el hacha.

¡Espero comentarios!

Ah, ¡me olvidaba! Cambiemos, por ejemplo... "hacha" por... no sé... "mesa de ping pong". Y hagamos unos cuantos cambios más en el texto, para aggiornarlo un poco. xD

Carreras mínimas

miércoles, 22 de abril de 2009

La mejor locación para las aventuras vikingas es el tren Sarmiento. Allí se suceden una tras otra una interminable lista de anécdotas. Y las hay de todo tipo.

Con mi porte vikingo (léase "toda mi osamenta") me encontraba parado próximo a la puerta de salida del tren. Estábamos llegando a la estación terminal -Once-, donde todo el mundo debería descender de la lata de sardinas, a menos que sea de ese tipo de gente desagradable que se sube a la inversa para ganar asientos.
Detrás mío, por mi derecha, una señora que tenía una apariencia muy similar a la de un puf se acerca sospechosamente. Toma contaco conmigo. Y allí comienza la lucha.
Mediante pequeños pasos que apenas la hacían avanzar centímetros, iba ganando mi diestra, mientras al mismo tiempo con alguna parte de su cuerpo que no quiero enterarme cuál era, ejercía una presión que iba en aumento.
Lentamente siento que se desplaza cada vez más sobre mi costado, al punto que reconozco la maniobra: la señora estaba intentando adelantárseme de la manera más vil.
Lo que más me irritaba es que lo hacía al tono de "ts! ts!", que es ese sonido que se parece a un chasquido de lengua, y que ejecutamos cuando estamos hartos de algo. La susodicha pensaría que tenía razón en querer salir antes que yo.
Como buen vikingo, soy bastante mecha-corta, y ésta no sería la excepción. Por lo tanto, te todas las opciones que tenía para reaccionar (y creánme que me pasaron muchas por la cabeza), decidí la más simpática: esperar.
Esperé a que la señora se establezca en el punto en que iba a utilizar su codo sobre mi costado para adelantarse. Lo hizo, naturalmente. Y naturalmente yo realicé una maniobra futbolística para recuperar la posición.
La ira de la mujer iba en aumento, y yo me divertía más y más. Pero todo concluye al fin, nada puede escapar... así que se abrieron las puertas.
Pasadas las primeras filas de personas que estaban por delante, llegó el momento en que la señora debería dejarme pasar o adelantárseme. Por supuesto se me intentó adelantar, a la voz de "ts! ts!".

Un rápido movimiento de caderas logró ponerme como vencedor, sentando a la señora del oportuno culazo que le dí.

De como Thorberg aprendio el arte de las burbujas

martes, 21 de abril de 2009

Era un fria y epica noche en las costas de Midgard. Thorgberh se encontraba en una taverna junto a su barbaro amigo Nikonak; famoso por sus puntapies dirigidos a la cabeza de los enemigos vencidos.
Eran altas horas de la madrugada y junto al juglar se encontraron con el Shaman Coco.
Charlaron un largo rato de los saqueos que gustaban de hacer en sus gloriosos dias de juventud; por bebida, solo habia cerveza, como debe ser en toda taverna oscura. De pronto una burbuja cruzo el aire, Thorgberh se asombro al igual que Nikonak, pronto descubrieron que el Shaman estaba haciendo sus magias y generando burbujas.
Sin dudarlo le exigieron al Shaman que les enseñara esas artes oscuras; y asi fue como Thorgberh adquirio el arte oscuro de las burbujas voladoras...

Alimentarum

El encuentro se dio en circunstancias inmejorables. Sólo tenía en mi mano derecha un cuchillo, pero podría jurar que era todo lo que necesitaba.
Mi estómago me avisaba que si no me alimentaba a la brevedad, fenecería famélico. Dicen que el hombre es capaz de tareas imposibles si se ve presionado a ellas: yo pude comprobarlo en carne propia.
Clavé mi mirada en él, por más que su aspecto era amenazador. No pude contenerme, y me avalancé. Acabé con él en menos de un minuto. Empleé maniobras que ni en mis épocas de Shaolín hubiera podido ejecutar. Con gracia lo sostenía por un lado, y violentamente hincaba mi cuchillo por el otro.
Hasta parecía escucharse un leve quejido tras cada arremetida... un poco me dio lástima che.

Horrorizados, los otros comensales dejaron sus cubiertos y procedieron a mirarme.
Con mi mejor cara de poker, abandoné la tarea y me limpié las fauces. Me incorporé, aclaré mi garganta y expresé, con toda calma:

- Estoy a dieta. Y hoy me toca carne, después de una semana.


La pucha que cuesta estar a régimen eh...

Adivinanza

lunes, 20 de abril de 2009

¿Cuántos días deben pasar para que una pizza olvidada en el horno comience a criar mosquitas?
(Pinta el siguiente texto para ver la respuesta)
Respuesta: 3 días

Vikingo en el Sarmiento

Hasta viajar en el tren puede resultar una tarea épica, si se considera que el mismo es el de la línea Sarmiento. La tarea no tiene nada que envidiar a aquellas que en su momento Hércules se antojó resolver.

Miércoles. 07:50 am. Llegando a estación de Floresta. Me encuentro en el tren, apretado a tal punto que mis órganos se estaban reacomodando para dar lugar a una nueva mutación de la raza humana, en la que el corazón esté por dentro de los pulmones. Apenas un brazo aseguraba mi subsistencia, sosteniéndome fuertemente. Un afortunado amigo (que no es vikingo por cierto), pudo acomodarse en mejor posición, aunque no menos apretado.
La puerta próxima a abrirse, era la que estaba a mis espaldas. Yo, imposibilitado de cualquier tipo de defensa, sabía que debería resistir con estoicismo las embestidas de la masa iracunda, ansiosa de salir de ese hervidero de personas. Tomé aire, con el poco pulmón que quedaba libre. Presioné mis dedos contra el caño que me sostenía, junté coraje, y cerré los ojos (actitud 100% maricona).
La puerta se abrió. Mantuve mi heróica postura por aproximadamente medio segundo. De inmediato comencé a sentir los múltiples empujones, que surgían por doquier. Un segundo después, mis fuerzas flaquearon y solté mi agarre.
Cuando logré pestañear, estaba situado medio cuerpo fuera del tren, en una postura tendiendo a la horizontal.
Un segundo más tarde, estaba completamente afuera del mismo, rodando sobre mis espaldas como en las mejores tomas de Jackie Chan. Caí hacia atrás y con mi habilidad sobrehumana, evité la bochornosa fractura de coxis.
Esquivándole al papelón, como quien al tropezar mira hacia atras queriendo acusar a alguien de empujarlo, me levanté levantando mis manos abiertas como quien dice "¡Eh! ¡La pucha! ¿Qué pasó?"
Medio vagón que aún mantenía su posición dentro del tren, comenzó a reir a carcajadas, como si ese fuese su grito de guerra. Mi amigo entre ellos. A mi mente vino la imágen de "¿Tú también, Bruto?"... pero el rojo de mi cara hizo que olvide la situación al instante.
Volví a ingresar al tren y seguí camino. Debo reconocer que no pude volver a tomar contacto visual con ningún compañero de travesía.

¿Cuál es la moraleja?
¡Ninguna! ¿Por qué creen que esto debería tener moraleja?