Alimentarum

martes, 21 de abril de 2009

El encuentro se dio en circunstancias inmejorables. Sólo tenía en mi mano derecha un cuchillo, pero podría jurar que era todo lo que necesitaba.
Mi estómago me avisaba que si no me alimentaba a la brevedad, fenecería famélico. Dicen que el hombre es capaz de tareas imposibles si se ve presionado a ellas: yo pude comprobarlo en carne propia.
Clavé mi mirada en él, por más que su aspecto era amenazador. No pude contenerme, y me avalancé. Acabé con él en menos de un minuto. Empleé maniobras que ni en mis épocas de Shaolín hubiera podido ejecutar. Con gracia lo sostenía por un lado, y violentamente hincaba mi cuchillo por el otro.
Hasta parecía escucharse un leve quejido tras cada arremetida... un poco me dio lástima che.

Horrorizados, los otros comensales dejaron sus cubiertos y procedieron a mirarme.
Con mi mejor cara de poker, abandoné la tarea y me limpié las fauces. Me incorporé, aclaré mi garganta y expresé, con toda calma:

- Estoy a dieta. Y hoy me toca carne, después de una semana.


La pucha que cuesta estar a régimen eh...

2 acólitos opinaron:

RC dijo...

que clase de vikingo esta a dieta?

Silvana Muzzopappa dijo...

jajajajaja
buenísimo!!!

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