miércoles, 22 de abril de 2009
La mejor locación para las aventuras vikingas es el tren Sarmiento. Allí se suceden una tras otra una interminable lista de anécdotas. Y las hay de todo tipo.
Con mi porte vikingo (léase "toda mi osamenta") me encontraba parado próximo a la puerta de salida del tren. Estábamos llegando a la estación terminal -Once-, donde todo el mundo debería descender de la lata de sardinas, a menos que sea de ese tipo de gente desagradable que se sube a la inversa para ganar asientos.
Detrás mío, por mi derecha, una señora que tenía una apariencia muy similar a la de un puf se acerca sospechosamente. Toma contaco conmigo. Y allí comienza la lucha.
Mediante pequeños pasos que apenas la hacían avanzar centímetros, iba ganando mi diestra, mientras al mismo tiempo con alguna parte de su cuerpo que no quiero enterarme cuál era, ejercía una presión que iba en aumento.
Lentamente siento que se desplaza cada vez más sobre mi costado, al punto que reconozco la maniobra: la señora estaba intentando adelantárseme de la manera más vil.
Lo que más me irritaba es que lo hacía al tono de "ts! ts!", que es ese sonido que se parece a un chasquido de lengua, y que ejecutamos cuando estamos hartos de algo. La susodicha pensaría que tenía razón en querer salir antes que yo.
Como buen vikingo, soy bastante mecha-corta, y ésta no sería la excepción. Por lo tanto, te todas las opciones que tenía para reaccionar (y creánme que me pasaron muchas por la cabeza), decidí la más simpática: esperar.
Esperé a que la señora se establezca en el punto en que iba a utilizar su codo sobre mi costado para adelantarse. Lo hizo, naturalmente. Y naturalmente yo realicé una maniobra futbolística para recuperar la posición.
La ira de la mujer iba en aumento, y yo me divertía más y más. Pero todo concluye al fin, nada puede escapar... así que se abrieron las puertas.
Pasadas las primeras filas de personas que estaban por delante, llegó el momento en que la señora debería dejarme pasar o adelantárseme. Por supuesto se me intentó adelantar, a la voz de "ts! ts!".
Un rápido movimiento de caderas logró ponerme como vencedor, sentando a la señora del oportuno culazo que le dí.