Vikingo en el Sarmiento

lunes, 20 de abril de 2009

Hasta viajar en el tren puede resultar una tarea épica, si se considera que el mismo es el de la línea Sarmiento. La tarea no tiene nada que envidiar a aquellas que en su momento Hércules se antojó resolver.

Miércoles. 07:50 am. Llegando a estación de Floresta. Me encuentro en el tren, apretado a tal punto que mis órganos se estaban reacomodando para dar lugar a una nueva mutación de la raza humana, en la que el corazón esté por dentro de los pulmones. Apenas un brazo aseguraba mi subsistencia, sosteniéndome fuertemente. Un afortunado amigo (que no es vikingo por cierto), pudo acomodarse en mejor posición, aunque no menos apretado.
La puerta próxima a abrirse, era la que estaba a mis espaldas. Yo, imposibilitado de cualquier tipo de defensa, sabía que debería resistir con estoicismo las embestidas de la masa iracunda, ansiosa de salir de ese hervidero de personas. Tomé aire, con el poco pulmón que quedaba libre. Presioné mis dedos contra el caño que me sostenía, junté coraje, y cerré los ojos (actitud 100% maricona).
La puerta se abrió. Mantuve mi heróica postura por aproximadamente medio segundo. De inmediato comencé a sentir los múltiples empujones, que surgían por doquier. Un segundo después, mis fuerzas flaquearon y solté mi agarre.
Cuando logré pestañear, estaba situado medio cuerpo fuera del tren, en una postura tendiendo a la horizontal.
Un segundo más tarde, estaba completamente afuera del mismo, rodando sobre mis espaldas como en las mejores tomas de Jackie Chan. Caí hacia atrás y con mi habilidad sobrehumana, evité la bochornosa fractura de coxis.
Esquivándole al papelón, como quien al tropezar mira hacia atras queriendo acusar a alguien de empujarlo, me levanté levantando mis manos abiertas como quien dice "¡Eh! ¡La pucha! ¿Qué pasó?"
Medio vagón que aún mantenía su posición dentro del tren, comenzó a reir a carcajadas, como si ese fuese su grito de guerra. Mi amigo entre ellos. A mi mente vino la imágen de "¿Tú también, Bruto?"... pero el rojo de mi cara hizo que olvide la situación al instante.
Volví a ingresar al tren y seguí camino. Debo reconocer que no pude volver a tomar contacto visual con ningún compañero de travesía.

¿Cuál es la moraleja?
¡Ninguna! ¿Por qué creen que esto debería tener moraleja?

2 acólitos opinaron:

RC dijo...

AAAARRRRRR!!!

Unknown dijo...

Dice má, ¡Qué feo! Ehhhhh.

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